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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    UNA NOSTALGIA AUSTRAL



    Lo definió muy bien Borges al hablar de la «gravitación amistosa» de los libros, esa especie de compañía cordial que va más allá del entretenimiento o de la información que nos facilitan, esa presencia física que les da cuerpo y perdura en el recuerdo tan cercana como la memoria de un olor hogareño. Cuando hablamos de los libros de la infancia y de la juventud muy probablemente les otorgamos la plusvalía de la nostalgia. Metemos en el mismo baúl del tesoro piezas sin duda memorables junto a lecturas banales, improductivas y tal vez vulgares. Pero hay veces en que la añoranza no engaña y es cierto que aquellos libros para siempre prendidos a aquella etapa de nuestra vida fueron y siguen siendo buenos libros.

    Es el caso. Muchos se acordarán de la colección Austral de Espasa-Calpe que está a punto de cumplir 70 años. Y digo «se acordarán» no porque haya muerto, pues sigue felizmente viva aunque desde hace un par de décadas ha sufrido visibles transformaciones editoriales y de diseño. Sin embargo la memoria de varias generaciones identificará Austral con aquellos volúmenes de bolsillo con sobrecubierta de diversos colores –azul para la narrativa, negra para los viajes, verde para la filosofía, violeta para el teatro y la poesía- moteada de puntos blancos, y no con las policromadas tapas de los actuales. La serie había nacido en Argentina en 1937, inaugurada con una obra de Ortega –La rebelión de las masas- que venía a simbolizar la doble orientación del empeño. De un lado, una colección popular al alcance de todos los bolsillos; de otro, la vocación elevada y en cierto modo elitista de sus contenidos.

    A la gente de mi edad le llegó ya cuajada, con varios cientos de títulos editados a los dos lados del Océano que abracaban desde los principales clásicos –ese fue mi primer Quijote, ahí me encontré con las Odas de Horacio y con El caballero de Olmedo de Lope- hasta autores extranjeros del siglo XX –desde los relatos cortos de Zweig hasta el impagable La conquista de la felicidad de Bertrand Russell-. Unos nos los quitábamos de las manos en la biblioteca, otros los adquiríamos a buen precio en librerías de saldo debidamente anotados, manoseados y descuadernados por sus anteriores dueños. Pues el papel de Austral, todo hay que decirlo, envejecía mal. No sólo se ponía amarillo con rapidez, sino que al mismo tiempo criaba un olor a siglos que concedía al libro cierto aire paradójico, entre la dignidad y la ruina.

    Con el tiempo uno ha vuelto a leer Luces de Bohemia en otras ediciones, al igual que El viaje sentimental de Sterne o el Shanti Andía de Baroja. Las voces son las mismas, pero sus ecos suenan de otra forma. Y si eso ocurre con obras bastante difundidas, ¿qué decir de aquellas que durante décadas sólo han estado a nuestro alcance en los volúmenes de Austral? Hablo de las crónicas de Julio Camba –un olvidado al que todo el mundo parece haber descubierto ahora-, de Fernández Flórez –y sus formidables Impresiones de un hombre de buena fe-, del imprescindible y sin embargo descuidado Jules Renard o de las Conversaciones con Goethe de Eckermann, que han debido esperar décadas hasta conocer otra versión española más completa, ya en pleno siglo XXI.

    Vuelve a cambiar la colección de formato, ahora con tamaño más grande y otro diseño más acorde con los tiempos que corren. Está bien. Conservará el aries que le servía de emblema, y con él los recuerdos de muchos lectores agradecidos. Quizá también nostálgicos, pero ya lo dijo Camus: el pensamiento del hombre es ante todo su nostalgia.

    Publicado en Diario de Navarra, 19.11.06
    ______________________________________________________________

    2006-11-25 16:46 | 5 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: ElPez Fecha: 2006-11-26 02:18

    Asocié durante años la literatura, precisamente, al olor de los libros de la colección Austral. Y aún hoy, cuando abro uno de esos volúmenes, no puedo dejar de meter la nariz entre sus páginas y respirar esa especie de aroma de moho que sigue siendo el de los libros. De los primeros que recuerdo haber leído me acuerdo ahora, precisamente de "Alfanhui", de Sáncez Ferlosio. Tiempos...



    2
    De: ElPez Fecha: 2006-11-26 02:19

    Sáncez, no: Sánchez. (Y una duda: ¿El título era "Industrias y andanzas de Alfanhui" o sólo "Alfanhui"? - Y otra: ¿Llevaba o no tilde en la i final?)



    3
    De: David Álvarez Fecha: 2006-11-28 01:54

    Ahí leí también La conquista de la felicidad. Pero sobre todo es el descubrimiento de Camba el que me hace estar casi convencido de que bajo esas tapas se esconde una promesa de felicidad segura.



    4
    De: JoseAngel Fecha: 2006-11-30 16:27

    Por suerte el papel lo cambiaron. Ahora, que desde que suprimieron lo de la clasificación por colores, para mí ya no es lo mismo. Esta no es mi Austral, que me la han cambiado, en ese detalle para mal.



    5
    De: CCG Fecha: 2006-12-31 19:18

    Me añado a la lista de quienes deben mucho a la colección Austral y a la desaparecida 'Libro amigo' de Bruguera. También al Libro de Bolsillo, de Alianza. ¿Qué habría sido de nosotros sin ellas?



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