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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    GIGANTES



    Lo importante no es que el baloncesto resurja, ni que lo haya hecho por la puerta grande, sino que por fin el deporte se libra de esa tiránica antonomasia que lo identificaba exclusivamente con el fútbol. La selección española de baloncesto ha conquistado de calle el campeonato mundial. Y, casi al mismo tiempo, su cuadro equivalente en el balompié ha hecho el ridículo frente a lo que alguien ha llamado «una módica selección regional del Reino Unido». Todas las comparaciones dejan en buen lugar a los chicos de la canasta al tiempo que ponen en entredicho a los millonarios del césped. Pero éstos, tan malacostumbrados a ser el centro de atención nacional, se resisten a admitir que por una vez sean otros quienes les miren por encima del hombro (dicho sea en el sentido más literal y menos despectivo de la expresión). Habría sido un buen momento para practicar el silencio y la modestia, pero se ve que las estrellas del puntapié nacional no se resignan a verse eclipsadas ni siquiera cuando les viene bien para ocultar sus fracasos. «Que se pongan Calderón y Gasol a jugar al fútbol», ha dicho despechado uno que se hace llamar Guti. Es el clásico argumento de quien, acostumbrado a emplear las extremidades inferiores como herramienta de trabajo, cree que puede usarlas también como útil para pensar. Esta altanería, esta creencia en que el mundo debe rendirles pleitesía, esta incapacidad para ponerse a la altura de las circunstancias es peor todavía que la escasa calidad de juego. A los jugadores de baloncesto les han concedido el premio Príncipe de Asturias de los deportes. Un acierto que corrige el error de la edición pasada. Porque los Gasol, Garbajosa, Navarro, Calderón, Jiménez y compañía sí pueden lucirse como ejemplo para la juventud. Desde la disciplina en el juego hasta la alegría inocente, casi pueril, de sus ritos de celebración, estos muchachos han demostrado que existe vida deportiva más allá del fútbol. Y que para llegar alto hay que crecer, no subirse en pedestales.

    Publicado en Diario de Navarra, 9.9.06.
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    2006-09-12 09:52 | 0 Comentarios


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