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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    DOPAJE



    No es que el deporte de la bicicleta sea un contubernio de tramposos drogadictos. Ese deporte está tan sucio y tan limpio como las páginas de Homero, donde también los dioses se dopaban con sustancias químicas. Sólo que el néctar y la ambrosía y las hojas de ciertas plantas silvestres con propiedades estimulantes no figuraban aún en los índices de la UCI. Hoy los laboratorios nos habrían dejado sin mitología, porque no quedaría héroe ni divinidad libre de sospecha después de derribar montañas a puñetazos, provocar tempestades de un soplido, batir récords de navegación o correr largas distancias por los campos del Peloponeso en tiempos inverosímiles. Aquellos colosos celestiales no diferían gran cosa de estos centauros que ahora practican formas descabelladas de competición sobre ruedas y para ello se ven forzados a centrifugar su propia sangre para luego inyectársela bien oxigenada o a consumir cócteles farmacéuticos que les permitan ascender cuatro puertos del Pirineo uno tras otro al máximo de revoluciones.

    Han pasado cerca de cuarenta años desde que vimos a Tom Simpson desplomarse como un púgil sonado en las rampas del Mont Ventoux. El fue el primero en mostrarnos la delgada línea turbia que separa al héroe del villano, al triunfador del derrotado, al temerario del suicida. De entonces a ahora han ido cayendo en las cunetas de la carretera o de la vida bastantes desdichados, unos célebres como Pantani, otros oscurecidos en el anonimato del pelotón, en cuya trayectoria se cruzó un día la tentación en forma de médico. Toma unas gotas de esta pócima y el mundo caerá rendido a tus pies, les decían. Al principio sólo picaban los más ambiciosos. Luego la espiral fue alcanzando a muchos. El último ha sido Floyd Landis, un muchacho educado en la férrea moralidad de los menonitas pero atraído por la gloria que todos los meses de julio desciende sobre una sola cabeza en los Campos Elíseos. Ayer lo aclamábamos, hoy lo expulsamos del paraíso. Quizá el ciclismo sólo es una metáfora de nuestra hipocresía.

    Publicado en Diario de Navarra, 29.7.06
    ___________________________________________________

    2006-08-02 21:32 | 1 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Heimy Fecha: 2006-08-03 20:09

    Si ha de creer uno lo que lee por ahí, la cuestión no es quién se dopa, sino cuánto y con qué. Y pienso que tienen razón: los límites de los baremos para el dopaje son muy altos, y no se quién podría meterse un Tour entero sin pincharse algo (aunque sea su propia sangre, para elevar el hematrocrito).

    Atendiendo a esto, Landis pertenece a la categoría de "los que se pasaron de la raya"



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