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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    LA FERIA


    Entre las cosas más bellas que uno ha leído acerca de los libros están las escritas por el último Borges, el ciego: «Yo siento la gravitación amistosa de los libros. Creo que los libros son una forma de felicidad que nos es dada a los hombres». Son palabras para recordar ahora que ha llegado de nuevo la Feria anual del Libro.

    Los buenos lectores, los constantes, no necesitan recurrir a esa retórica de eslogan con que una vez al año se cantan las excelencias de la lectura. Saben, como Borges, de la lealtad de los libros de cabecera y de la muda satisfacción que proporciona el hallazgo de páginas nuevas; y sabe también que hay libros desdichados, inútiles o banales, porque no todo libro, por el hecho de serlo, merece el inflado culto que le rinden sus idólatras.

    Si conviene alguna retórica para el libro, ésa es comedida y de tono menor, como de diálogo sin prisas ni ruidos, como la que apreciaba Paul Léautaud: «No me gusta la gran literatura. Sólo me gusta la conversación escrita». Recelo de los bibliólatras que predican «el placer de leer» o «el gozo de la lectura»: tiendo a sospechar que, como ignoran ese placer, con eso intentan formular una especie de conjuro que lo atraiga. «Chi puo dir com’egli arde, è in picciol fuoco» dijo Petrarca: quien tiene palabras para expresar la pasión es que no se ha apasionado auténticamente. Y la pasión libresca es sutil, sosegada, apacible. Es un fervor que no se lleva bien con el griterío de los públicos excitados, ni con los hechizos engañosos del cine, ni mucho menos con las descaradas proclamas de la publicidad.

    La lectura tiene otro rito que tal vez ni siquiera sea un rito, sino una disposición del ánimo y de la mente que pide el silencio y la calma, la intimidad y el retiro. No tengo nada contra los best-sellers, los libros de éxito y la mercancía opiácea que se vende encuadernada para captar el mayor número posible de consumidores. Admito incluso ese discutible argumento según el cual todos los caminos son buenos si conducen hasta los libros de verdad. Pero cuando el mundo editorial se ha rendido con armas y bagajes al argumento de las ventas, y la feria sólo contribuye a afianzar la hegemonía del libro comercial, me pregunto si no habrá llegado el momento de decir «Vade retro». De volver a los libros íntimos, recomendados de boca a oreja o descubiertos al azar. De olvidarse de ferias y demás zarandajas bulliciosas para ir al encuentro de los libros leales que seguramente nunca se encaramarán a lo alto de las listas de éxitos porque ese lugar ya está ocupado por la mercancía triunfante. Asusta calcular cuántos buenos libros no se venderán en esta Feria porque los compradores elegirán en su lugar las patrañas de un tal Dan Brown.

    Publicado en El Correo, 27.5.06, y El Norte de Castilla, 28.5.06
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    2006-05-31 11:00 | 2 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Bambo Fecha: 2006-05-31 23:55

    Resultará extraño, lo sé, pero es cierto: jamás he estado en una feria del libro. No me seduce en lo más mínimo. Ese devenir de caseta en caseta, visto desde lejos, me pone un poco nerviosa -por ser suave-. Ni pensar en tener detrás de mí a cinco personas contemplando cómo tomo un libro en mis manos para curiosear... También es cierto que esa falta de querencia tiene, aparte de todo, una explicación más prosaica: llegado el caso y una vez puesta en faena, seguro que desearía comprar mucho más de lo posible -o de lo aceptable-. Mejor no tentar a la suerte...

    Lo de Dan Brown es de puritita pena. Dejando a un lado que su novela puede servir para que los que no leen nunca, lo hagan -a mí sí que me parece importante el hecho de que este tipo de productos lleven al lector hasta otros más estimables literariamente- es una lástima que algo tan soberanamente malo se esté postulando, ante el público en general, como un novelón de lectura imprescindible.



    2
    De: JoseAngel Fecha: 2006-06-03 20:58

    ¿Para cuándo una feria del blog? ¿O, al menos, una Feria del Liblog? Ah, es que los blogs tampoco se venden... porque se regalan. Es una ventaja y un inconveniente. Porque, por ejemplo, le puedes regalar a alguien un libro, pero no un blog (precisamente porque se regalan).



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