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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    EN OBRAS



    Dijo Baudelaire que la forma de una ciudad cambia más rápido que el corazón de los mortales. Estoy de acuerdo, sobre todo si veo esas ciudades han caído en manos de mortales sin corazón. Basta preguntar a vecinos de diferentes lugares para saber que muchos de ellos, y no necesariamente los más quisquillosos, se sienten gobernados por alcaldes y concejales inmisericordes dispuestos a cargarse arboledas, a sembrar las calles de espantosas esculturas o a llevar a la práctica descabellados planes urbanísticos.

    Esos cambios suelen ser producto de una inercia ciega regida por leyes propias, sacudida por un misterioso dinamismo sin rumbo ni motivo visible. Se empieza por adecentar las aceras de una avenida y, ya puestos, las brigadas de obras prosiguen su actividad excavando el hoyo de un futuro aparcamiento o levantando el asfalto de las calles colindantes. Lo que al principio era una cuadrilla de media docena de operarios con aspecto inofensivo, de la noche a la mañana se convierte en un copioso ejército de hombres feroces y máquinas envalentonadas que pone en jaque a toda la población. Aquí abren una zanja, allá colocan unas vallas, más lejos derriban un edificio y en la manzana siguiente levantan un muro infranqueable.

    Uno de estos días pasados cometí la temeridad de adentrarme en coche por el casco antiguo de Pamplona. Me quedo corto si les digo que la incursión me deparó emociones intensas. Hube de sortear zanjas, baches, maquinaria pesada de todas clases, señales indicativas de calles cortadas y de cambios de dirección, hormigoneras campando por sus respetos, en resumen, todos los atractivos de un núcleo urbano en progreso. Hay quien asegura que tantas molestias se verán recompensadas en pocos años con el premio de una ciudad acogedora, limpia y ordenada. Yo juraría lo contrario. Tengo la impresión de que estas cosas, una vez empezadas, se convierten en costumbre adictiva y que todo alcalde o alcaldesa que se precie necesita mantener patas arriba su ciudad para figurarse que la está gobernando.

    Publicado en Diario de Navarra, 6.5.06.

    _______________________________________________________

    2006-05-07 20:54 | 2 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: JoseAngel Fecha: 2006-05-11 09:58

    Y mejor deshacer lo hecho, y plantar una cosa nueva, que mantener y cuidar. Hombre, a dónde va, mantener lo que hizo el otro alcalde (concejal, etc.). Aquí voy a estar yo sacándole brillo, en lugar de ponerme una línea en el currículum y quitársela a él. No tiene color. En la duda, si la hay, a destrozar y a clavar cada uno un elemento urbano distinto. Ahora en Zaragoza nos destrozan el auditorio del Rincón de Goya, en lugar de mantenerlo.



    2
    De: Anónimo Fecha: 2006-05-12 15:57

    Pamplona no es París, ni tampoco Jauja; quizá la vorágine constructiva derive de un traslado de sus vacíos a la materia. Si además nos adentramos en el corazón de la ciudad en plena metamorfosis kafkiana el resultado puede ser deprimente. Los arquitectos dicen trabajar por la ciudad ideal y tener en cuenta y respetar el medio ambiente, ¿no será verdad?.



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