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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    GENTILICIOS

    En el lugar donde vivo, un sitio donde todo el mundo se la coge con papel de fumar cuando habla de denominaciones de origen, las farolas suelen tener pegados sin embargo anuncios como estos: «Matrimonio español busca piso en alquiler» o «Se ofrece chica española para trabajos domésticos» o «Español cuida ancianos». Me he preguntado alguna vez por qué un gentilicio tan mal visto como el de «español» adquiere en este caso connotaciones favorables. Por qué se le considera un epíteto ominoso cuando se habla de política o de identidades y sin embargo parece un buen salvoconducto a la hora de cerrar tratos con la población indígena. Ustedes y yo sabemos la respuesta. En estos casos «español» es el antónimo de «inmigrante», de «extranjero». Puede que la sola mención del adjetivo haga saltar chispas en las discusiones sobre estatutos nacionales, pero el intercambio de servicios es otra cosa. Quien se anuncia como español sin que por ello se le caigan los palos del sombrajo está concediendo a esa palabra un valor añadido, un plus de fiabilidad o de solvencia racial que por lo visto cala en la clientela; no por patriotismo, sino por prejuicios. Estamos hablando de xenofobia, por supuesto. Hace tiempo que muchos medios de prensa tienden, con buen criterio, a silenciar el origen de los autores de los delitos para no avivar las llamas racistas. Pero estos días ha ocurrido en Castelldefels un hecho espeluznante. Dos sujetos atracaron un negocio familiar de joyería y se llevaron por delante a machetazos a la madre, al padre y al hijo. Al dar la información del suceso, casi todos los periódicos y las emisoras precisaron que los criminales eran españoles. El propósito era evidente si se leía con ojos limpios: advertir de que no se trataba de delincuencia de importación, como últimamente tendemos a prejuzgar cada vez que nos llegan ecos de tiroteos en la calle o gritos detrás de las persianas. Pero alguna mente pasada de rosca ha querido ver en esa cautela una aviesa intención. Ya que el crimen fue en Cataluña, se trataría de subrayar –dicen- que los autores no eran de casa, sino de ese país extranjero llamado España, origen de todas las desgracias y padecimientos sufridos por los pacíficos catalanes. Y otra vez la tenemos liada. Está visto que algunos son incapaces de dejar de lado sus obsesiones incluso ante la tragedia, que no suele entender de querellas estatutarias. La prensa que optó por identificar a los atracadores como «españoles» no quería decir que no fueran catalanes (que lo son, por cierto) sino que esta vez no había argumentos para el racismo. Pero por huir de la sartén fueron a caer en las brasas patrióticas, que a veces causan peores quemaduras.

    Publicado en El Correo, 4.12.05, y El Norte de Castilla, 7.12.05
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    2005-12-06 19:28 | 1 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Julio Suárez Anturi Fecha: 2005-12-07 17:02

    Cuando alguien no quiere ver lo evidente, por acá se dice que está en el mundo de Biltz y Pap, que son dos bebidas de fantasía que se promocionan al unísono.
    Muchos censuran a Adolf Hitler, pero son xenófobos a morir. Otros, tiran la mugre al vecindario, en un acto de regionalismo que mueve a compasión.
    Sin embargo, de lo que nadie puede escapar, José María, es de la delincuencia y las causas que la generan.



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