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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    VIRTUOSOS



    Invitaron a Leopoldo Lugones a una recepción de la alta sociedad porteña y allí le presentaron a una distinguida dama. La mujer, sorprendida del poco agraciado físico del poeta, le preguntó: ¿Cómo es posible escribir versos tan hermosos con ese rostro tan feo? Perdone, señora mía, contestó Lugones; es que yo no escribo mis poemas con la cara. Cierta clase de ideas platónicas sigue haciendo estragos en nuestra cultura. El mayor malentendido proviene de suponer que detrás de un lienzo sublime o una novela memorable hay un ser adornado de todo género de virtudes, cuando lo más frecuente es lo contrario. Si Kant hubiera sido un hombre de mundo, quizá nunca habría producido la Crítica de la Razón Pura. De no haber caído Edgar Allan Poe en las garras del alcohol, muchos de sus formidables cuentos estarían sin escribir. No quiere esto decir que los genios salgan de las cloacas ni que haya que ser un trastornado para subir al Parnaso. Pero cuidado con las idolatrías: suelen llevar a engaño. En cierta ocasión oí decir a Juan Benet que las grandes novelas deberían venir firmadas con un código de barras, a fin de disuadir al lector de la tentación admirativa. Cuando uno llama al fontanero para que le arregle la cisterna del váter, no pretende encontrarse con Apolo ni con San Francisco de Asís en persona; sólo quiere que el agua vuelva a correr como es debido y que el tipo del buzo tenga el detalle de no dejar marcas de pisadas en el vestíbulo. Si además de eso el fontanero saluda con un mínimo de cortesía, miel sobre hojuelas. Las claves del arte no tienen por qué ser diferentes de las de otras ramas de la producción humana. Sin embargo este elemental principio es sistemáticamente olvidado por los consumidores de mitos. ¿Por qué extraña razón el músico que nos eleva a las alturas con el sonido de su violín tiene que resultar igualmente angelical cuando le pedimos un autógrafo? ¿Acaso un escritor laureado con el Cervantes no puede darse de mamporros con un crítico literario? Hay una rama del biografismo moderno empeñada en airear los trapos sucios de ciertos filósofos, pintores, poetas y cineastas presentándolos como sabandijas de muy mala catadura en su vida privada. Seguramente sus investigaciones son de un rigor tan impecable como el de aquella cámara que atrapó a uno de nuestros mejores actores mandando a la mierda a un individuo que se acercaba a saludarle. Pero esto debería importarnos muy poco a quienes no vamos a salir de copas con los retratados ni a tener ningún trato personal con ellos, sino que nos limitamos a ver sus interpretaciones y a leer sus libros. La obligación del artista es entregarnos talento. El resto pertenece a la superchería para cotillas.

    Publicado en El Correo, 30.10.05
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    2005-11-01 19:40 | 0 Comentarios


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