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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    BRIBONES


    Cuando oigo aquello de «todos estamos en el mismo barco» se me representa una imagen que me hace temblar: la de una patera cargada hasta los topes donde cada viajero está deseando que el de al lado caiga al agua para viajar menos apretados y de paso para que le toque mayor ración en el reparto de víveres. Quiero decir que ojo al parche con algunas llamadas a la solidaridad, a la responsabilidad y a la ciudadanía. Les prestas oídos de buena fe, y sin darte cuenta resulta que has entregado un cheque en blanco, una patente de corso a algún bribón para que haga de las suyas, y encima en tu nombre. Es una lección que empezamos a aprender aquel infausto 11 de septiembre de hace cuatro años y que se encargan de recordárnosla un día sí y el otro también. Cuando no son los presos de Guantánamo o las mazmorras de Abu-Grahib es un desdichado brasileño acribillado a tiros de la policía en Londres, todo ello consentido en nombre de la sacrosanta seguridad. También en su nombre vemos cómo lo que debería ser una operación de auxilio a los damnificados por unos temporales se ha convertido en una ocupación militar en toda regla donde los soldados apuntan entre las cejas a los ancianos que se resisten a abandonar sus casas. Esa seguridad no es tal, sino un embuste de los poderosos para hacernos asentir y callar so pena de ser fichados como subversivos. El último empujón a nuestra dignidad está gestándose en el Reino Unido. El ya irreconocible laborista Tony Blair pretende modificar uno de los pocos salvavidas legales que nos quedan para no convertirnos en personajes de Orwell, de Kafka o de Aldous Huxley. Se trata del Convenio Europeo para los Derechos Humanos, una especie de Carta Magna previa a la gestación de la Europa burócrata y que fue firmada en el año de la polca, allá por 1950. Ni que decir tiene que la intención de Blair no es reforzar los derechos ciudadanos, sino recortarlos para dar más capacidad de maniobra a jueces y policías. Hasta el momento no se sabe de ninguna iniciativa paralela para exigir más eficacia a una policía que últimamente se ha cubierto de gloria. Si prospera la iniciativa de Blair, quedarán legalmente respaldadas algunas prácticas como la de intervenir las comunicaciones privadas o, peor aún, la de deslocalizar las detenciones. Han leído bien, deslocalizar, es decir, trasladar a los detenidos a países donde está permitida la tortura para que unos verdugos subcontratados hagan el trabajo sucio. Todo eso con el argumento de que viajamos en el mismo barco. Pues un servidor, qué quieren que les diga, preferiría hacer el trayecto a nado.

    Publicado en Diario de Navarra, 10.9.05
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    2005-09-11 12:56 | 0 Comentarios


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