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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    BARBACOA



    Cuando un bosque se quema algo suyo se quema, decían los primeros spots de la televisión única para exhortarnos a cuidar de la naturaleza en la canícula. El ácido humor de Perich le dio la vuelta al anuncio añadiéndole un estrambote: «Cuando un bosque se quema algo suyo se quema, señor conde». Y es que en aquellos tiempos el pueblo llano era más sensible a los estragos del capitalismo caciquil que a los delitos ecológicos. Nadie quería ver arder los montes, desde luego, pero era vox pópuli que los incendios forestales incumbían a especuladores y terratenientes. La figura perseguida entonces era el pirómano a sueldo. Sobre él recaían todas las condenas sociales, pero no porque atentara contra el paisaje, sino por hacer el trabajo sucio a sus amos prendiendo fuego al arbolado del vecino, o envolviendo en llamas el del jefe para recalificar el terreno y convertirlo en suelo urbanizable a doblón. Ahora el papel del malo se ha trasladado a otra figura hasta hace poco considerada paradigma del pacífico ciudadano: el dominguero de barbacoa. Distinto trato recibiría si fuera de camping con toda la impedimenta reglamentaria, o si dispusiera de autocaravana, o mejor aún si fuese propietario de una segunda vivienda en el medio rural. También entre los amantes de la naturaleza hay castas, y el dominguero pertenece a la más denostada de ellas. Han cambiado mucho los tiempos. La foto de familia de los protosocialistas alzados al poder democrático en España no fue la de un congreso del partido ni estaba tomada bajo las banderas y pancartas de una manifestación, sino en torno a una parrillada campestre. Los herederos de aquellos jóvenes son los mismos que hoy ponen precio a la cabeza del dominguero, causante al parecer de todos los fuegos devastadores del verano. El excursionista de domingo está mal visto aunque ponga a asar las chuletas en instalaciones habilitadas al efecto por ayuntamientos y consorcios turísticos rurales. Lo socialmente correcto es hoy cargar sobre el dominguero unas culpas que quizá correspondan a los elementos, es decir, al calor, al viento, a la sequía. Por muy delictiva que sea una chispa saltada de una barbacoa en los campos de Guadalajara, a nadie se le ocurre que los autores del fuego culinario pudieran pensar ni de lejos en la posibilidad de que eso hiciera arder miles de hectáreas verdes y mucho menos que fuese a matar a once personas. Mientras tanto, en Extremadura y en Galicia se extienden incendios causados intencionadamente por pirómanos locos o codiciosos. Nosotros y nuestras autoridades preferimos ensañarnos con los domingueros. No contentos con llamarles horteras, les conceptuamos de incendiarios y hasta de asesinos. Así de absurda es la mecánica del chivo expiatorio.

    Publicado en El Correo, 24.7.05
    _________________________________________________________________

    2005-07-27 14:58 | 4 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Cano Fecha: 2005-07-27 18:30

    Lo peor es leer las palabras de ese pobre hombre que se autoinculpaba y ponia de buen ver a la Guardia Civil.

    Por lo visto el guarda que le llamó la atención era amigo suyo y no le llamó la atención.

    En realidad lo que habria que hacer es aunar ciertos medios en un solo cuerpo, como lo era el icona hace tiempo...., que pena de pais...



    2
    De: anónimo Fecha: 2005-07-28 12:47

    Por muy permitido que estuviera hacer barbacoa, hay que ser imbécil para dejar el fuego encendido en verano. Cualquier dominguero de pro, sabe que el fuego se apaga y las brasas se anegan en agua para que no se produzcan incendios, lo de ése tiparraco es negligencia criminal.



    3
    De: JMR Fecha: 2005-07-28 16:21

    Es que yo no sé si este 'tiparraco' dejó el fuego encendido, ni si se comportó con 'negligencia criminal'. Lo que me preocupa es ese mecanismo automático que se nos pone en acción a todos en cuanto encontramos una cabeza de turco en la que ensañarnos. Me temo que cuando ocurre alguna desgracia como ésta las cosas no son tan sencillas. Nos agarramos a los estereotipos para hacer frente a lo tremendo y a lo incomprensible, y si esos estereotipos son más o menos folclóricos como en este caso, mejor aún.



    4
    De: Cano Fecha: 2005-07-28 22:14

    Totalmente de acuerdo, yo tampo estoy tan seguro de la culpabilidad de este tipo, probablemente entre chuleta y chuleta una brasa salto y el no se dio ni cuenta hasta que la mitad del sembrao que tenia detras habia ardido...



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