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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    Inicio > Historias > La columna antitaurina de Vicent

    La columna antitaurina de Vicent



    El segundo domingo de mayo es un día especial para el columnismo. Desde hace varios años, Manuel Vicent publica ese día en El País su artículo antitaurino. Una tradición ya tan castiza como la Feria madrileña de Las Ventas con la que Vicent hace coincidir su escrito. Ese ritual particular es esperado por los dos bandos, unos para regocijarse y otros para montar en cólera. De él han salido algunas piezas geniales, aunque no todas las temporadas el escritor da la misma talla.

    Yo diría que este año nos ha defraudado. No está la imagen deslumbrante de otras veces, ni la hipérbole definitiva, ni la estampa trucuenta de la España negra que tan bien sabe pintar cuando está inspirado. No hay petición de oreja, pues, sino una ovación y a lo sumo vuelta al ruedo.

    Comienza la columna («Los toros») refiriendo a su manera una anécdota reciente: «Como una forma de congraciarse, después de la entrevista en el Pentágono, el señor de la guerra Donald Rumsfeld le dijo a su colega Pepe Bono ante las cámaras: “En mi juventud hice una corta carrera en el encierro de Pamplona y me subí a una señal de tráfico”. Uno más, pensé, que confunde el asta de toro con el asta de la bandera de nuestra patria, pero al oír semejante hazaña, extremadamente embelesado, nuestro ministro de Defensa le jaleó: ¡eso es un torero, sí, señor!, como lo hace el mozo de espadas con el maestro desde el callejón en el momento supremo de la faena. Con ese requiebro Pepe Bono le dobló los riñones al amo de las bombas, dejándolo pastueño».

    Hasta aquí, bien. Cuando se detesta la tauromaquia, no parece mala idea vincularla con otras representaciones de la crueldad, como la de un responsable de la guerra de Irak. Pero a partir de ese punto Vicent pierde las riendas de su texto y se extravía en el cuadro imaginario de «Rumsfeld y Bono abrazados, cada uno con una botella de anís Machaquito en la mano, cantando: “Los borrachos en el cementerio...”», que habría dado juego si no la abandonara de inmediato para introducir con calzador una caricatura tópica de Hemingway:

    «Tal vez el joven Rumsfeld llegó a los sanfermines de Pamplona imbuido por la propaganda de Hemingway, que, por cierto, también era otro héroe de pega. Cuenta Robert Capa que después del desembarco de Normandía iba en un jeep con el escritor en dirección a París y al encontrarse con una escuadrilla de aviones alemanes, Hemingway saltó del vehículo, se tiró en la cuneta y el terror lo dejó medio postrado con el trasero muy subido y la cabeza debajo de un matojo. Robert Capa desde el jeep le hizo una foto en esta postura ridícula. A partir de ese momento Hemingway le retiró la amistad al fotógrafo, que era, de los dos, el único valiente».

    La cosa acaba sin pena ni gloria, con un par de frases desganadas, sin redondear la faena. Maestro, esta vez no ha sido su tarde. Pero sigue siendo el primero del escalafón.
    ________________________________________________________________

    2005-05-09 22:10 | 4 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: ElPez Fecha: 2005-05-09 22:38

    Lo gracioso de la anécdota de Rumsfeld es que es muy probablemente falsa. Como cualquiera puede comprobar desde hace bastantes años, la señal de tráfico más cercana al recorrido del encierro está tan lejos que lo sorprendente de la "carrera" del Señor de la Guerra no habría sido en sí llegar a subirse a una señal de tráfico, sino conseguir saltar más de 50 metros para hacerlo. Se lo leía el otro día a Elvira Obanos, que lo contaba con más gracia.

    Como me decían en casa: antes se le pilla al mentiroso que al cojo.



    2
    De: Bambo Fecha: 2005-05-10 00:31

    El problema es que la "gracieta" de Rumsfeld para congraciarse con la España cañí fue refrendada por el bobalicón de Bono... A veces me pregunto qué hace este hombre en el PSOE.

    Una pregunta, al hilo -o no, que puede que sea desviarme del contenido del artículo-: ¿cómo se sobrelleva vivir en una zona en la que si dices que no te gustan -o que son una barbarie- los toros, poco menos que eres indigno de respirar el mismo aire que el resto de los mortales?

    Saludetes

    ¡Ah! hace poco estuve leyendo una crítica a "Antitauromaquia", y le decían de todo menos bonito.



    3
    De: Delfín Fecha: 2005-05-10 15:58

    Que yo recuerde -y algo recuerdo, pues nací en la Estafeta-, en el trayecto del encierro pamplonés no abundan las señales de tráfico donde subirse. Ni ahora que está peatonalizado, ni en los tiempos del Rumsfield joven (aunque sea un oxímoron: no logro imaginarme joven a este viejo diablo), cuando apenas circulaban coches por estas calles. Los guiris más miedosos se subían a las marquesinas de los comercios y a las verjas de los balcones. Seguramente Rumsfield juega de farol.

    Qué pareja, él y Bono. ¿Qué tendrán los ministerios de la guerra que acaban dirigidos por gente tan rara?

    Bambo, no es que no me gusten los toros. Al contrario, me encantan... como animales, incluso en estofado. Pero sobre la tauromaquia no tengo una idea formada. A veces me parece una brutalidad y otras veces me dejo convencer de que tiene su misterio y su arte.

    En lo qué sí estoy en desacuerdo con Vicent es en su opinión sobre los encierros de Pamplona, donde no hay sangre ni se maltrata al animal. Seguramente Vicent los confunde con los de su tierra levantina, donde al toro se le ensoga, se le ponen antorchas en las astas, se le acribilla a pinchazos o se le marea por las calles horas y horas. Aquí son dos minutos de carrera y riesgo para los corredores. Hemingway lo captó mejor de lo que se suele creer.



    4
    De: Bambo Fecha: 2005-05-10 21:30

    Quizás sea ese el problema, Delfín, lo que cada uno refiere según la zona en la que ha visto el trato que se le da a los animales. Desde bien niña he convivido con los toros embolados, con los yuguetes, con el ensogado, y no le encuentro justificación a esa crueldad innecesaria. Hace dos veranos, en mi segunda casa, por decirlo de alguna forma -Linares de Mora, en Teruel- el herrero se ufanaba, y junto a él todos los hombres y mujeres del pueblo, de haber embolado a un toro con cinco bolas... ahí es nada: el herrero, por haber preparado el yuguete, y el resto, por tamaña hazaña. Me cuesta entenderlo, la verdad.



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