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    Juego de palabras: Secuelas y precuelas

    Publicado en el suplemento cultural 'Territorios' de El Correo, 9.2.05




    Ciertas películas de éxito han engendrado en torno a su protagonista o a su mundo de ficción nuevos filmes que alargan el argumento del primero, unas veces con fortuna artística y otras sólo ventajosas en lo comercial. No es novedad; hasta el mismo Quijote conoció segundas partes, que en este caso sí fueron buenas. Pero ni Avellaneda ni Cervantes dieron en llamar «secuelas» -como hace el cine- a las nuevas aventuras del hidalgo. «Secuela» es la consecuencia o el resultado de algo, más que su continuación. Y también significa «trastorno o lesión que queda tras la curación de una enfermedad, como efecto de ésta», acepción que encaja bastante bien en algunas desdichadas «secuelas» cinematográficas de todos conocidas. Algunas de estas segundas partes se remontan en el tiempo interno del relato y narran episodios previos a los de la película original: la infancia del héroe, los antecedentes de la guerra galáctica o la prehistoria del mito correspondiente. La jerga del cine ha inventado para ellas la voz «precuela», que pretende ser derivada de «secuela» pero con indicación expresa de un tiempo anterior. Tal vez se trate de un hallazgo ingenioso, pero lingüísticamente es reprobable porque rompe por la mitad el lexema de «secuela», quebrantando las reglas habituales de derivación en nuestra lengua. O quizá no. Tal vez «precuela» no deriva de «secuela» sino de «colar», y lo que viene a expresar –en ese caso con acierto- es la intención exclusivamente lucrativa del engendro de turno, filmado y proyectado «a ver si cuela».

    9 febrero 2005
    _____________________________________________________________________

    2005-02-09 01:00 | 0 Comentarios


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