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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    PERDONES

    Publicado en Diario de Navarra, 30.1.05



    De un tiempo a esta parte, a todo el mundo le ha dado por pedir disculpas. No es que de súbito nos hayamos vuelto más corteses y considerados. Antes al contrario, en el roce diario ha subido bastantes grados el nivel medio de terquedad. Los pecados por los que se pide perdón suelen ser faltas cometidas siglos atrás por antepasados o predecesores. Hace poco lo hizo el banco JP Morgan Chase. En una ceremoniosa declaración escrita, sus directivos presentaron excusas a la población afroamericana y a la Humanidad en general por haber propiciado el esclavismo en el siglo XIX. Unos historiadores habían descubierto que, entre 1831 y 1865, el Citizens Bank y el Canal Bank (las raíces del Chase) tomaron 13.000 esclavos como garantía de préstamos a empresarios de plantaciones. Nada decía la nota acerca de los empleados precarios que trabajan actualmente en sus oficinas del banco. Esto de pedir perdón por lo que hicieron otros es una bonita manera de lavarse las manos en jofaina ajena. Uno luce su talla moral de cara a la galería y al mismo tiempo queda dispensado de asumir otras responsabilidades, no siempre veniales, que le incumben más directamente. Es algo parecido a lo que hizo la Iglesia al entonar el ‘mea culpa’ por la condena de Galileo: admitió errores irreparables de viejos tiempos a cambio de porfiar en los errores presentes sin dar el menor indicio de rectificación ni mucho menos de arrepentimiento. No parece que semejante disculpa sirviera de gran consuelo a los contagiados de sida por no usar los vitandos preservativos ni a los perseguidos y encarcelados por dictadores que gozan de la santa bendición vaticana. La palabra «perdón» se ha oído también estos días con motivo del 60 aniversario de la liberación de Auswichz. Pero los contritos eran, en el más vinculante de los casos, hijos o nietos de los exterminadores. No importa que muchas de las autoridades obligadas por la moda bienpensante a pedir disculpas lleven en sus venas más sangre de las víctimas que de los verdugos. Cuenta pedir perdón por el pasado como quien pide votos, aplausos o aclamaciones para aprovecharlos en el presente. Algo puede haber en todo esto de buen intento de reparación histórica. Como acto de catarsis, quizá tenga también cierto efecto pedagógico y sirva para evitar sucesos semejantes en el futuro. Quién sabe. Pero un servidor se niega a cargar con culpas remotas, encaramadas a su árbol genealógico o sepultadas en los anales de su ciudad, su región o su nación. Me parece más honesto limitarme a pedir perdón cuando pise el callo a mi pareja de baile o cuando ofenda sin motivo a alguien en una de mis columnas. Respecto a fechorías de supuestos ancestros, a mí que me registren.

    30 enero 2005
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    2005-01-31 01:00 | 0 Comentarios


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