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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    PADRES EN LA TRIBUNA

    Publicado en la sección 'Relaciones humanas' de Sur (13.12.04) y de El Correo (8.12.04)

    La competitividad mal entendida y el ansia de ganar a toda costa hacen que muchos adultos ejerzan una mala influencia en la actividad deportiva de sus hijos

    Ilustración de Martín Olmos

    Le preguntaron a un entrenador de tenis qué le gustaría cambiar en el trabajo que desarrollaba para la preparación de deportistas de corta edad. «Mi mayor ilusión», respondió, «sería entrenar a un equipo de huérfanos». Con eso quedaba dicho todo acerca de la frecuente tendencia de muchos padres a inmiscuirse en la tarea de los instructores, y acerca también de la influencia negativa que suelen ejercer no sólo en la actividad deportiva de los niños, sino en su propia formación humana, cuando asumen papeles equivocados.

    Basta acercarse un fin de semana cualquiera a una ciudad deportiva donde se celebren torneos para futbolistas de base. Raro será el partido donde algún exaltado progenitor no la tome con el árbitro, o fuera de las bandas no se oigan gritos de ánimo que más bien parecen arengas de guerra. Y todo ello a la vista de unos chicos desconcertados porque reciben mensajes contradictorios: de un lado, el 'fair play', la sana rivalidad amistosa, la práctica del ejercicio o del juego como fines en sí mismos; de otro, la competitividad exagerada, el desprecio del rival, la ambición de triunfo a toda costa.

    Proyectar frustraciones

    Psicólogos y pedagogos han alertado sobre la creciente mala influencia de los padres en la práctica deportiva de los niños. Se refieren principalmente a aquellos que, imponiendo su criterio y sin tener en cuenta el del niño, distorsionan el proceso evolutivo de éste creándole expectativas de gloria, fama y dinero en vez de exhortarle a la práctica de un juego entretenido, saludable y educativo.

    El chico que practica un deporte quiere, ante todo, divertirse con él. Si se trata de un deporte de equipo, aspira a la celebración colectiva de una ceremonia de encuentro y de sociabilidad. En el caso de los deportes individuales, intenta superarse a sí mismo y encontrar la satisfacción en el propio hecho de jugar.

    Fuera de estas intenciones, casi todo lo que contamina negativamente la práctica deportiva en edades jóvenes es producto de influencias externas. Sin duda es lo que dicta el ambiente. Muchos deportes ejercen un magnetismo pernicioso en quienes sólo saben ver en ellos la posibilidad de éxito y de enriquecimiento. Si esa atracción se traslada a los hijos, el sueño de tener en casa una estrella y de paso una buena pensión asegurada abre el paso a todo tipo de conductas erróneas.

    Es lícito que los papás que ven a su hijo marcar su primer gol o ganar su primera carrera experimenten sentimientos satisfactorios (euforia, orgullo, ilusión) o, si los resultados son adversos, se sientan algo contrariados. Pero, si se pudiera explorar en el fondo de esas reacciones, encontraríamos que en muchos casos no son producto de una preocupación por el niño. No provienen de la identificación con la alegría o la tristeza de éste, con sus esfuerzos y sacrificios mejor o peor recompensados por el resultado, sino que son la proyección de las propias expectativas y frustraciones enmascaradas bajo la justificación de «querer sólo lo mejor para mi hijo».

    Los padres han de ser conscientes de que, al fomentar la práctica deportiva en sus hijos, están abriendo un nuevo frente de formación que va a exigir de ellos la misma atención que prestan a sus estudios, a la elección de sus amistades, a otras facetas de su desarrollo. Y esa atención supone un incremento de su compromiso, una nueva responsabilidad.

    Creencias erróneas

    Curiosamente, con el deporte suele ocurrir lo contrario: muchos padres creen que al «compartir» con el niño la afición deportiva están adquiriendo licencia de puerilidad, que ya pueden bajar la guardia y comportarse como 'colegas' que se dejan llevar por los impulsos eufóricos de la contienda, cuando no emular patrones de conducta propios de estadios llenos de energúmenos. Es decir, todo lo contrario de los valores que priman en los otros ámbitos de su educación.

    Entre el padre 'hooligan' y el que, en el polo opuesto pero igualmente negativo, se desentiende de la actividad deportiva de su hijo por considerarla 'poco seria' se extiende toda una escala de conductas que ponen a prueba el modo con que los progenitores viven la actividad de sus hijos.

    Los hay que les fuerzan a practicar el deporte de su gusto y no el que agrada al niño, habitualmente con la excusa de que «es más completo»; están también quienes no saben distinguir los límites entre su papel y el del entrenador, al que critican si no alinea a su hijo o si ven que éste no progresa como ellos desearían; otros llevan a extremos exagerados su colaboración con las aficiones del chico y le atienden como taxista para llevarlo y traerlo de los entrenamientos o como utillero preparándole la vestimenta un día tras otro, mientras pasa el curso escolar sin que se acerquen una sola vez al colegio para hablar con el tutor...

    En definitiva, y como en tantos otros órdenes de la vida, son los errores derivados del defecto o del exceso... sólo que, en cuanto a deportes, suelen ser estos segundos los que ganan por goleada.

    José María Romera
    Diciembre 2004
    __________________________________________________________________________

    2004-12-13 01:00 | 4 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Algernon Fecha: 2004-12-13 16:58

    Esto no pasa sólo en los deportes, sino también en todos los demás ámbitos de la vida.

    Claro que hay más padres incitando a su hijo a que juegue a futbol que padres que lo hacen para sacar 10 en todo, o tocar un instrumento, o...



    2
    De: Delfín Fecha: 2004-12-13 17:27

    Sí.



    3
    De: pelotof Fecha: 2004-12-14 10:01

    pues sí... me temo que, si se pudiera, recomendaría con los padres de los niños deportistas, se hiciera lo que muestra la película 'buscando a bobby fischer': encerrarlos en sala aparte para que no molesten a sus hijos. por cierto, este año presencié los mamporros que se daban los padres de dos niños del mismo equipo de fútbol, porque uno no había pasado el balón al otro y no marcaron gol.. (los padres aún no están en la perrera, que es donde debieran estar).
    saludos



    4
    De: lucia Fecha: 2007-08-17 18:13

    opino exactamente lo mismo que la autora, existe una contradicción en el deporte de los chicos, por un lado el intento por parte del entrenador de rejajar a sus alumnos en la competencia y por el otro la presion de los padres, quizas de manera inconciente, pero q al fin y al cabo carece de fundamentos idoneos...
    profe de voleibol
    rosario



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