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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    Arafat

    Publicado en El Correo, 14.11.04


    Para quienes no estamos en el secreto de la alta política internacional, Arafat era una anomalía imposible de etiquetar. No estaba entre los indios ni entre los vaqueros. Era un buscador de la paz y a la vez un viejo guerrillero al que no faltan motivos para tacharlo de terrorista. Vivía con austeridad espartana pero estaba en posesión de una de las mayores fortunas del mundo. Acogía con una sonrisa de oreja a oreja hasta a sus más encarnizados adversarios. Ese manojo de confusiones se embarulla más cuando, tras su muerte, los mismos que le levantan túmulos de gran estadista aseguran que empieza una nueva era de esperanza para el problema palestino. Es igual que decir que el rais era un tapón en las negociaciones, el principal obstáculo para la creación del ansiado estado, la mosca cojonera de cuantos en las últimas décadas han tratado de arrimar el hombro en busca de soluciones. Se olvidan, claro, de un animal de bellota llamado Ariel Sharon, a quien el tiempo pedirá más cuentas que a Arafat por el recrudecimiento de la violencia en Oriente Próximo en los finales del siglo XX y principios del XXI. Los fanatismos tienen muchas caras, y tal vez la de Arafat fuera una de ellas pero no la que mejor los representa. Por eso no se comprende muy bien ese contenido optimismo de «muerto el perro, se acabó la rabia» que destilan algunas exequias interesadas. Arafat ya llevaba tres años confinado por Sharon en la Mukata, neutralizado militar y políticamente por un enemigo muy poco dispuesto a dialogar con otras palabras que no fueran los misiles, y paralizado asimismo por facciones próximas dispuestas a profesarle veneración pero no a acatar sus órdenes. Del Arafat indispensable de Camp David o de la Hoja de Ruta, en los últimos años sólo quedaba la efigie sostenida por la legitimidad de su presidencia adquirida en las urnas. Al mismo tiempo, cuanto más se estrechaba el cerco en trono suyo mayor parecía su vuelta al extremismo. Nunca sabremos si luchó sólo por la merecida libertad de los suyos o si le pudo el afán de pasar a la Historia por la vía del órdago, sin ceder a soluciones que quizá hubieran sido provechosas para el pueblo palestino pero que no le garantizaban el monumento. Voltaire puso la diferencia entre héroes y grandes hombres en que éstos persiguen lo útil y lo agradable. Los aspirantes a héroes, como Arafat, a veces pierden el sentido de la utilidad. Ganan en leyenda lo que desperdician en resultados. Más que una herencia política, lo que deja Arafat es un enigma redondeado en sus postrimerías por una extraña enfermedad y un calamitoso entierro. Quizás dentro de unos años lleguemos a saber cuál de todos sus rostros ha sido el auténtico.

    José María Romera
    14 noviembre 2004
    ___________________________________________________________________________

    2004-11-14 01:00 | 1 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: corsaria Fecha: 2004-11-14 22:32

    Has tocado un tema muy interesante, que se obvia mucho en los "sesudos" análisis de la prensa.
    Sharon, un personaje siniestro que no se que pinta en un proceso de paz. Ese si es el verdadero tapón en la negociación.

    Saludos. :)



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