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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    ©2002 romera

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    SECUESTROS

    Publicado en El Correo, 26.9.04

    Otra vez el horror que no cesa, y otra vez la venenosa costumbre haciéndonos más insensibles con cada nuevo episodio. La escena es demasiado repetida ya como para poner emoción en la mirada que la ve pasar: en primer plano una persona, o varias, asustadas y humilladas y, tras ellas, sus raptores amenazando matarlas si no se cumplen unas determinadas exigencias. Una nueva modalidad del espanto llevada ahora a límites insospechados cualitativa y cualitativamente. Pero el secuestro es rentable, al parecer. En el año 2002, la compañía de seguros inglesa Hiscox señaló que los secuestros habían aumentado en todo el mundo un setenta por ciento en menos de ocho años. Los tenemos entre nosotros, muchas veces cometidos con tanto sigilo que ni la prensa llega a enterarse de ellos. Así ocurre, por ejemplo, en esos fulgurantes secuestros-exprés a veces resueltos en pocas horas con un fajo de euros, convertidos en el pan de cada día entre mafias de poca monta y en el submundo de los ajustes de cuentas. No es cosa de aprobarlos, desde luego, pero este tipo de fechorías aún nos entra en la cabeza porque se cometen generalmente por afán de lucro. Responde a una cierta lógica, si se me permite la expresión algo cruda, el que un padre o una esposa estén dispuestos a pagar lo que sea preciso por el rescate de sus seres queridos, y entra dentro de lo inteligible que los delincuentes se aprovechen de ello. Lo que ya hace saltar por los aires toda capacidad de comprensión es esta otra fórmula consistente en capturar ciudadanos y poner su vida en el tapete a cambio de contrapartidas que no guardan relación alguna con la persona del capturado. Se secuestra a unos periodistas o a unos trabajadores de la construcción y para devolverlos con vida se exige a los gobiernos de sus países un rescate político. Cuellos a cambio de retirada de tropas. Este modelo iraquí de secuestro no sólo estremece por su diabólico desenlace, sino por la irracionalidad inherente a su planteamiento. ¿Quién garantiza que los gobiernos se sientan directamente amenazados al ver el alfanje en la yugular de un súbdito de su país? Los fanáticos islamistas lo saben. Saben que el precio puesto a las vidas ajenas no conmueve a piadosos rescatadores, sino que está pensado para eso que aquí se dio en llamar la «socialización del sufrimiento». Los gobiernos, a fin de cuentas, pueden mostrarse valientes a costa de las vidas particulares de unas personas corrientes. Este es el mayor horror de los secuestros de cada día: no la impotencia de saber que nadie dará un duro por esos semejantes echados a la ruleta fatal, sino el tener que admitir que las víctimas son carne de propaganda y están solas, inexorablemente solas en la incertidumbre.

    José María Romera
    26 septiembre 2004
    ____________________________________________________________________________

    2004-09-27 01:00 | 0 Comentarios


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