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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    ESPEJISMO

    Publicado en Diario de Navarra, 4.9.04

    Fue flor de un día. Daba la impresión de que durante la segunda quincena de agosto la palabra ‘deporte’ recobraba su cabal significado, o al menos no se dejaba suplantar por ese hipónimo suyo que es ‘fútbol’. Cuando no era un piragüista quien atraía la atención de aficionados y profanos, lo hacía un equipo de baloncesto, o una pareja de jugadoras de voley-playa, o un pistard como en los viejos tiempos de Guillermo Timoner. Durante los Juegos de Atenas la futbolitis endémica de este país concedió una tregua feliz a otras modalidades deportivas, y quién sabe si no inoculó en algunas criaturas el veneno de deportes desacostumbrados. No se me escapa que a esta atención diversificada contribuyó en parte el triunfalismo de quienes ansiaban acumular medallas. La disputa sobre si eran muchas o pocas las conseguidas por los españoles, el recuento diario –siempre en primera persona del plural, más patriotera que solidaria- de las que habían caído en el bote o se habían escapado por los pelos, la pretensión de tenernos en vilo igual por unos combates de yudo que por las aburridas evoluciones náuticas de un velero, todo eso tuvo algo de cómico. Pero al menos sirvió para familiarizar a la gente con otra idea y otras formas del deporte alejadas del éxtasis de la patada y el subsiguiente gol. Más aún: el fútbol fue uno de los contados deportes en que esa potencia llamada España no tuvo un equipo que la representara, al revés que Irak, por poner un ejemplo humillante. Esta ausencia de las selecciones españolas de balompié en los campos atenienses fue debida a su eliminación previa, cosa que no ocurrió en balonmano, en hockey, en waterpolo ni en natación sincronizada. Alguien debería sacar conclusiones sobre tal fenómeno, teniendo en cuenta que estamos en el país de la Liga de las Estrellas. Alguien debería preguntarse qué inclinación masoquista mueve a millones de personas a apasionarse por un juego que les ocasiona continuos sinsabores y en cambio a dar la espalda a deportes para los que, a juzgar por el medallero, parecemos estar mejor dotados. En fin, cada uno es libre de elegir sus mortificaciones. El caso, digo, es que fueron dos semanas de mucho deporte y poco fútbol. Sin embargo ese sueño se desvaneció de golpe justo el último día, antes de la hermosa ceremonia de clausura donde sonaron las más dulces melodías griegas. En ese justo momento, la liga española de fútbol había abierto todos sus toriles y en los cosos las masas enfurecidas ya cantaban otras canciones con voces peor afinadas. En un pispás, la dictadura de siempre volvió a adueñarse de la afición.

    José María Romera
    4 septiembre 2004

    _______________________________________________________________________

    2004-09-06 01:00 | 1 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Javier Mediavilla Fecha: 2004-09-15 22:49

    Salud
    Coincido en que en los medios y en la afición se le da una excesiva importancia al "deporte rey" (¡viva la república!). Pero el medallero de las Olimpiadas no sugiere que los deportistas españoles estén peor dotados para el fútbol que para otros deportes. Lo que ocurre es que las potencias europeas del balompié no llevan a las olimpiadas a sus selecciones absolutas masculinas (los que tienen nivel para copar la Liga de las Estrellas), sino que ponen limitaciones, como restringir la participación a los menores de 21 años. Esto se hace para conservar o, por lo menos, recordar el espíritu olímpico de hace un siglo, cuando se suponía que estos juegos eran para deportistas aficionados.
    En remo, yudo, atletismo, tiro y otros deportes de menor presupuesto, en cambio, las federaciones sí envían a los de mejor rendimiento que, o bien son aficionados, o bien son profesionales más modestos, que necesitan la oportunidad económica y mediática que ofrecen las Olimpiadas, y que, en muchos casos, cobran menos en su quehacer habitual que los sub-21 del fúrbol masculino.
    Salud y pesetas.
    Javier



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