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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    ESCUELA

    Publicado en El Correo, 29.8.04, y El Norte de Castilla, 1.9.04



    Lo dicen los anuncios, luego así será. Es el momento de equipar a los niños y las niñas para empezar el curso en perfecto estado de revista. Pero, además de incumbir a los grandes almacenes y a los editores de libros de texto, la denominada ‘vuelta al cole’ debería hacer pensar en el papel que la escuela y la educación desempeñan actualmente en la sociedad. No me refiero a las cargantes discusiones sobre el salario de los profesores, el precio de los manuales, las bondades o inconvenientes del bilingüismo, ni siquiera a ese vasto repertorio de aspectos encerrados en el tópico de la ‘calidad de enseñanza’. Trato de bucear un poco más al fondo, y hacerles a ustedes partícipes de una pregunta que casi nadie osa formular pero que está en la base de la construcción educativa: ¿Qué diablos pinta la escuela en la sociedad? O invirtiendo los factores –que no el producto–: ¿qué reclama la sociedad de la escuela? En los últimos años la carga de responsabilidades de la escuela en la formación de los individuos ha crecido de forma inusitada. Ya no es suficiente que instruya, que imparta ciencia, que moldee habilidades sociales e inculque hábitos civilizados. La criatura introducida en el engranaje escolar deberá salir por el otro extremo del tubo transformado en un beatífico pimpollo que además de saber escribir con propiedad ha de ser un exquisito demócrata, un amante de la naturaleza, un buen conocedor de las señales de tráfico y un consumidor juicioso. Así lo establecen los programas oficiales, que para no dejar lugar a dudas sobre su excelencia han adoptado el pomposo e imperativo nombre de currículos. Nada que oponer, salvo el insignificante detalle de que la gran mayoría de esos valores confiados a la escuela brillan por su ausencia de puertas afuera. En la calle, en la casa, en la vida social prima la competitividad más selvática. La televisión (cuyo impacto cognitivo y psicológico en el individuo es mil veces mayor que la voz de los maestros) muestra una ilusión de vida basada en el éxito fácil, la bagatela espectacular y el estrépito informativo. Se diría que casi todos los agentes de influencia externos a la escuela –desde los padres hasta los guardias urbanos, porque la convivencia civilizada es un intercambio de enseñanzas– han abdicado de toda misión pedagógica depositando en el sistema educativo la solución de sus carencias, sus frustraciones, sus contradicciones y sus malas influencias. «Esto debería enseñarse en la escuela» es ya un sonsonete común en la conversación de los moralistas modernos. Bastante hacen los padres y las madres con desembolsar los cientos de euros por barba que supone la vuelta al cole como para encima quitar trabajo a los maestros. Faltaría más.

    José María Romera
    29 agosto 2004
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    2004-09-01 01:00 | 0 Comentarios


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