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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    MANOLOS

    Publicado en Diario de Navarra, 21.8.04


    Quizá haya sido mejor que Manolo Martínez se quedase cuarto, a un palmo del pódium en la prueba de lanzamiento de peso. No lo digo por él, que aparte de un premio por lanzar la bola tan lejos merece ser primero en el ránking de los tipos bonachones. Pienso en la euforia que habría desatado un éxito suyo en las huestes más rancias del forofismo nacional, ese que sólo se entera de la existencia de un deporte cuando se lo echan por la primera, esa afición del faria y el copazo y el Marca. Con el nombre de Manolo hay dos símbolos que representan dos épocas sucesivas y opuestas en el deporte nacional. Uno es Manolo el del bombo, un ejemplar con boina que parecía sacado de la banda del Empastre y que invariablemente paseaba por las gradas de esos mundos de Dios acompañando a la selección española de fútbol. El otro es Manolo Martínez, lo menos parecido que ustedes podrían encontrar de un exaltado, que se dedica a lanzar el peso más lejos de los veinte metros. Entre el primero y el segundo se ha producido un salto cualitativo en el ideal celtibérico de deporte. El del bombo representaba el canto a la furia, la garra, la picardía, aquellos supuestos atributos de nuestros deportistas tan atinadamente definidos por un jerarca militar de los años cincuenta con el lema de «cojones y españolía». El Manolo de ahora es fruto de la preparación física y del cálculo técnico, lo que le hace codearse en igualdad de condiciones con otros colosos ucranianos, estadounidenses o centroeuropeos sin tener que esperar a que suene la flauta. Manolo el del bombo era el casticismo de graderío sur. Manolo Martínez, el clasicismo de Olimpia. Sé de mucha gente que, al oírle hablar, encuentra raro que un mastodonte como él se exprese pausadamente, sin elevar la voz, casi con dulzura. Creen que llegaría más lejos si gritara Es-pa-ña con la vena del cuello hinchada, si dijera tacos y si antes de salir a la pista se tomase un lingotazo de cazalla en vez de hacer ejercicios de meditación. O si se pintara un toro de Osborne en ese espacio de su camiseta donde hace poco podía leerse «Espacio disponible para su publicidad» porque las casas comerciales no daban un duro para su patrocinio. Hasta hace poco, era opinión extendida que los atletas españoles sólo podían destacar en modalidades como el fondo y el medio fondo, con corredores fibrosos y un punto canijos de aspecto. La corpulencia quedaba para los forofos de tribuna como Manolo el del bombo. En los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004, el cuarto puesto de Manolo Martínez en el lanzamiento de peso ha jubilado definitivamente la boina del otro Manolo.

    José María Romera
    21 agosto 2004
    ____________________________________________________________________________

    2004-08-23 01:00 | 2 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: Luis Alfonso Fecha: 2004-08-23 23:27

    Una pena que quedara cuarto, pero qué bonito lo que dijo, que le había superado el escenario, que se había emocionado muchísimo por competir allí, donde los antiguos atletas. Eso da la talla del campeón que lleva dentro.



    2
    De: Anónimo Fecha: 2012-06-12 21:57

    mucho saban



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