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{ Bitácora de José María Romera. Artículos de prensa y otros escritos }

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    DOPAJE

    Publicado en El Correo, 14.8.04



    No seré de los que se apalanquen en el sofá para ver en sesión continua deportes cuya existencia desconocían hasta ayer y partidos entre selecciones de países bananeros. Mi interés por los Juegos Olímpicos tiene un límite, aunque en la noche del 13 de agosto estuve a punto de traspasar porque me tragué enterita la estupenda ceremonia inaugural, incluido el desfile de representantes españolas disfrazadas de azafatas de congresos y de representantes españoles tocados con un ridículo gorrito. Esta y otras horteradas suelen ir en el guión, y es injusto ampararse en ellas para desacreditar la belleza de un acontecimiento como las Olimpiadas. Pero más imperdonable todavía es aguardar a que lleguen los Juegos para lanzarse a chapotear en el asunto del dopaje, haciendo pensar al personal principalmente dos cosas: la primera, que la mayoría de estos jóvenes robustos y veloces va cargada de farmacopea hasta las orejas, y la segunda, que los Juegos son una especie de congreso de tahúres donde si a algo se juega por encima de todo es al escondite. Es decir, a que no te pillen los encargados de los análisis. El asunto del dopaje tiene muchas caras, y no todas ellas tan siniestras como las pintan. Baste considerar que un buen número de medicinas recetadas por pediatras para niños constipados dan positivo en el microscopio, es decir, a los ojos de la opinión pública convierten al deportista en delincuente. Miren lo que se acaba de saber acerca del agua potable londinense, donde se han descubierto restos de Prozac. Otras, desde luego, son peligrosos mejunjes de efectos todavía ignorados, pero su precio es tan alto y están tan rodeadas de secreto que quedan al alcance de muy pocos. Es a estas segundas a las que, por supuesto, hay que hacer frente. Pero no para meter tramposos en la cárcel, sino para proteger la vida de unos jóvenes generalmente incautos que atienden a ciegas todas las indicaciones de sus médicos. Y acabo de escribir la palabra clave: médico. La lucha contra el dopaje se ha centrado hasta ahora en el atleta, cuando no es más que un conejillo de indias de especialistas, bioquímicos y preparadores físicos sin escrúpulos. Incluso cuando es consciente de la ilegalidad del producto que toma o se inyecta, el deportista recibe en sus carnes un castigo que correspondería a esos otros personajes ocultos. Y lo recibe porque así actúan los mecanismos de la hipocresía, apuntando a las apariencias para proteger el fondo. Pero hipócrita es también una sociedad de pan y circo que exige a sus gladiadores apurar el cáliz del sufrimiento para alcanzar la cima más alta, la velocidad más inverosímil, la victoria más infinita. Quiten intereses al deporte y verán desaparecer el dopaje.

    José María Romera
    15 agosto 2004
    ___________________________________________________________________________

    2004-08-16 01:00 | 0 Comentarios


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