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    Notas de lectura: Buñuel


    Un amigo inmigrante hispanoamericano (me resisto a llamarlo latinoamericano, no por patriotismo sino por hermandad de lengua) me manifiesta su asombro por la cantidad de tacos, ternos, blasfemias y otras groserías que oye decir a todas horas en esta tierra que se dice cuna del español. No es nada mojigato: le preocupa sólo la pobreza idiomática que revela esta castiza costumbre, el desprecio de la lengua, tan reñido con ese apego a la palabra bien dicha que mamó en su país. Callo y asiento: otra enseñanza que nos traen los amigos de ultramar aunque haya quien se empeñe en considerarlos “jodíos sudacas”. Leo después algo que dice Buñuel al respecto:

    El idioma español es, ciertamente, el más blasfematorio del mundo. A diferencia de otros idiomas, en los que juramentos y blasfemias son, por regla general, breves y separados, la blasfemia española asume fácilmente la forma de un largo discurso en el que tremendas obscenidades, relacionadas principalmente con Dios, Cristo, el Espíritu Santo, la Virgen y los Santos Apóstoles, sin olvidar al Papa, pueden encadenarse y formar frases escatológicas e impresionantes. La blasfemia es un arte español. En México, por ejemplo, donde sin embargo la cultura española se halla presente desde hace cuatro siglos, nunca he oído blasfemar convenientemente. En España, una buena blasfemia puede ocupar dos o tres líneas. Cuando las circunstancias lo exigen, puede, incluso, convertirse en una letanía del revés. (Luis Buñuel, Mi último suspiro -1982-, 4ª ed., Plaza & Janés, 1993, 185-186)



    La digresión de Buñuel viene a propósito de un encuentro con aduaneros anarquistas en Port-Bou, cuando en plena guerra él trataba de cruzar la frontera y los cenetistas le ponían trabas brocráticas. Ni que decir tiene que, dicho el taco, depusieron su actitud y le permitieron pasar.

    2004-04-29 01:00 | 2 Comentarios


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    Comentarios

    1
    De: pedro charro Fecha: 2004-04-30 18:02

    Respeto a las palabras. En la ETB escucho nada menos que a Pilar Urbano -al parecer no les basta con M.A. Iglesias- diciendo que no hay que tener miedo a las palabras; que la voz independencia, por ejemplo,no es para tanto. Una palabra, tan solo. ¡Como no va a dar miedo una palabra! Pensemos en la palabra vete, pronunciada por el ser amado, en la palabra grave, por el médico...Por no hablar de la blasfemia ante la que Pilar Urbano se taparía la cara con la manos. ¿Por que hay tanta gente que se transmuta según el medio en que habla o escribe?



    2
    De: Delfín Fecha: 2004-05-01 15:05

    Miedo a las palabras, no. Pero sí respeto a las palabras, que nunca son inocentes. Miedo da quien las emplea a conveniencia.

    Amigo Pedro, tu pregunta final lleva encerrada su propia respuesta.

    Por cierto, ¿quién es Pilar Urbano? Yo creía que era un seudónimo de varias personas sucesivas, desde el misal hasta la progresía, pasando por las cavernas. A la vejez, viruelas.



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